COMO GESTIONAR LA FATIGA DE LA COMPASIÓN PARA NO QUEMARSE. Una  Visión Que Ayuda.

COMO GESTIONAR LA FATIGA DE LA COMPASIÓN PARA NO QUEMARSE. Una visión que ayuda.

 

Es sabido (y casi obvio) que nuestra actividad como profesionales de la salud nos expone de forma casi inevitable a un sinfín de situaciones que activan constantemente nuestros recursos, y nuestros mecanismos de adaptación para ejercer nuestra actividad lo mejor posible y de esta manera, lograr un impacto positivo en la salud de las personas, que es, en definitiva, el principal objetivo de nuestro trabajo.

La toma de decisiones diagnósticas, terapéuticas, la comunicación con los pacientes, los familiares y también con los compañeros y los equipos (cuando los hay), inducen de forma crónica que desafiar el sutil equilibrio entre cómo nos sentimos en nuestro entorno laboral, y como realmente nos gustaría estar.

Como se comentó en otro artículo el Síndrome de Burnout consta de tres dimensiones reconocidas relacionadas de una forma u otra entre sí.

Aún hoy, existen personas a las que les cuesta comprender el concepto de Cansancio Emocional, a pesar de que es una de las dimensiones más frecuentemente afectadas en este síndrome.

 La pregunta es: ¿Podemos cansarnos emocionalmente? ¿Las emociones se agotan?

Pues la respuesta es: sí, así de simple

Es importante reconocer que nuestros recursos emocionales, esos que nos permiten ponernos en el lugar de otros, que nos inducen a escuchar cuando hay que hacerlo, a actuar, a ayudar, y también a estar presentes en nuestro día a día y con nuestro entorno personal además del profesional, también se agotan, se secan.

“Aquello que está más “seco” es más fácil que se queme “

La buena noticia, es que la habilidad de recuperarnos de ese cansancio se puede entrenar y mantener a lo largo del tiempo, y que incluso podemos aprender a relacionarnos con las situaciones estresantes de una forma constructiva.

Hoy hablaremos de la Fatiga de la Compasión, por su estrecha relación con el Síndrome de Burnout y con la dimensión del Cansancio Emocional, aunque hay autores que asocian como precursora de la Despersonalización en dicho síndrome (D. Drummond).

Otros en cambio, consideran la fatiga por compasión como una forma única de burnout, en la cual la causa del malestar no está tan relacionada con los factores estresantes del trabajo sino con la respuesta empática de quienes brindan asistencia o ayuda a otros (Najjar, Davis, Beck-Coon,y Carney-Doebbeling,)

En cualquier caso, lo importante no es establecer límites rígidos entre unos aspectos y otros sino comprender que todos pueden relacionarse y que de lo que se trata, es de gestionarlos mejor, de forma más práctica que académica.

¿QUÉ ES LA COMPASIÓN?

 Según Tew Bunnag la compasión es una cualidad universal que incluye la comprensión del estado y de la situación del otro, la capacidad de identificarse emocionalmente con él y el deseo o el impulso de hacer algo para ayudar o apoyar otra persona.

Para G.Brito  esa capacidad viene marcada por el chequeo de una realidad no favorable y  la voluntad y la motivación genuina para cambiarla.

Simplificando: para comprender el concepto y en un juego de palabras podemos decir que:

EMPATÍA: capacidad de situarse en el lugar del otro

COMPASIÓN : Empatía en Acción = ponerse en el lugar del otro y tener la intención y acción conscientes de hacer algo para ayudarlo.

Tiene una vertiente positiva: la satisfacción que se deriva del trabajo de ayudar otros, y una negativa: que puede conducir a la fatiga por compasión, que no es una enfermedad como tal sino, un aviso de que debemos introducir cambios en nuestra manera de afrontar el trabajo diario para evitar quemarnos.

¿QUÉ NO ES LA COMPASIÓN?

  • NO es lástima, ni es pena hacia los demás.

Como dice Gonzalo Brito: en la lástima existe un diferencial de poder, en la compasión hay una visión horizontal hacia el otro.

“Si te miro con lástima no veo (ni te ayudo a que veas) tus propios recursos y te sitúo en una posición de dependencia en la cual pierdes tu dignidad “

  • NO es sentir lastima por uno mismo.

La autocompasión implica reconocer y valorar aquello que somos y hacemos, con objetividad, pero con comprensión, sin autocriticarnos, y sin sentirnos víctimas ni culpables de las circunstancias.

Sentirnos víctimas disminuye nuestro potencial y nuestro poder, nos coloca de alguna manera en inferioridad de condiciones, y en muchas ocasiones distorsiona nuestra percepción de los hechos.

Fomentar la autocompasión implica tener la misma disposición con que somos capaces de ayudar a otros, pero hacia nosotros mismos, reconociendo nuestros errores, y debilidades, pero también nuestras fortalezas y capacidades.

Seamos honestos, en ocasiones si alguien nos hablara como nos hablamos nosotros mismos, cortaríamos radicalmente el contacto con esa persona, o en el mejor de los casos nos enfrentaríamos a ella. Sin embargo ¿cuántas veces nuestro diálogo interno se sustenta en tratamos mal? (aunque aparentemente no se note).

  • NO es estar con la sonrisa permanente, abrazar a todo el mundo y consentir faltas de respeto.

No se trata de permisividad ni “buenísimo”. Es compatible con mantener la fortaleza que nos ayuda al sentir y actuar, pero sin sentimentalismos, y sin apego al resultado.

Establecer límites con asertividad también forma parte del proceso de gestión del estrés y Burnout.

No somos ni estamos aislados, y a estas alturas también es importante tener presente que la compasión como tal, fluye de forma interactiva.

Así que tan importante como dar a otros, es importante saber recibir desde otros ( convengamos que : a veces nos cuesta, mucho ¿verdad?), y por supuesto como comenté antes: darnos y recibir de nosotros mismos.

¿QUÉ ES LA FATIGA DE LA COMPASIÓN?

También conocida como Fatiga por Compasión o Desgaste por Empatía no es fácil de definir.  Se entiende como la erosión/desgaste de la relación entre profesional y paciente, generado por la falta o el agotamiento de recursos para gestionar el sufrimiento, tanto propio, como del paciente o sus familiares

En definitiva y aunque se vincule estrechamente por sus síntomas al Síndrome de Burnout puede diferenciarse de él, por su carácter más abrupto, y por la tendencia a la reexperimentación de las situaciones traumáticas, con pensamientos o sueños intrusivos y la hiperideación o rumiación de ideas y la hiperactivación. (estado de tensión, alerta permanente y reactividad)

Llegados a este punto, y como dije antes tal vez lo más importante no sea definir detalladamente los síntomas y plasmar en este artículo un montón de referencias bibliográficas y estudios sobre el tema, sino que lo importante sea aprender, comprender y sobre todo aplicar claves prácticas que nos permitan prevenir y revertir la Fatiga de la Compasión y Síndrome de Bournout.

ALGUNAS CLAVES PARA EMPEZAR A CULTIVAR LA COMPASIÓN CON UNO MISMO Y EN NUESTRO TRABAJO.

  • El Autocuidado: sí, cuidarnos no nos convierte en egoístas.

Puedes elegir una o más de las siguientes opciones y comprométete a ejecutarla con frecuencia

a)Dedícate 15 min al día para sentarte tranquilamente y conectar con tu respiración y con tu cuerpo, si aparecen pensamientos simplemente los observas y vuelves a “pensar” en tu respiración.

b)Escritura reflexiva: toma conciencia y deja por escrito en una libreta (solo para tí) de aquellas cosas por las que gratitud en tu día a día.

Otra muy buena opción es decirte (por escrito) a tí de tí misma/o  aquellas cosas que te gustaría oír de los demás.

c)Detente por un momento y mírate a tí mismo no sólo como el profesional que crees que “debes ser”, sino como la Persona que Es, que a veces también tiene miedo, inseguridad, que siente, que quiere ser buen esposo/a, hijo/a, madre/padre, amigo/a, etcétera.

  • Disminuye la reactividad emocional que te hace daño:

Para ello cuando estés frente a otra persona imagina por un momento como es su vida.Recuerda que él o ella también tiene esperanzas, sueños, él también es un padre o un hijo, una madre o una hija de alguien.

Al imaginar sus dificultades, serás capaz de soltar parte de tu ansiedad o tu malestar lo cual tendrá un efecto mental y físico positivo en ti.

Observa cualquier cambio fisiológico que experimentes cuando piensas o hablas sobre aquella persona difícil (el paciente o el familiar que no quieres afrontar, el compañero o el jefe que no te caen bien ….) como hombros tensos, palmas sudorosas, “nudo en el estómago” y ve si puedes hacer algunos ajustes, por ejemplo: toma una respiración profunda y relaja los músculos o incluso muévete si puedes. Esto cambiará la forma en que reaccionas.

  • No suprimas tus pensamientos.

La investigación muestra que la supresión de pensamientos activa la amígdala cerebral, y eso nos vuelve más ansiosos a largo plazo pudiendo afectarnos incluso físicamente. Además, mantendrá nuestra atención en aquella persona o situación sobre la cual estamos tratando de dejar de pensar.

Si en tus pensamientos emerge un recuerdo de una persona difícil, préstale atención brevemente, simplemente como si la miraras desde una pantalla y luego deja a tus pensamientos moverse hacia otra cosa sin forzarte.

  • Reconoce que tú también puedes ser difícil.

Sí, nosotros también podemos ser los” difíciles” para alguien más, aunque no nos guste y seamos conscientes de ello o no.

Tal vez heriste con algún comentario a alguien, tal vez incluso juzgaste o dijiste cosas inciertas. Recordar esto puede ayudarnos a mantener la humildad a la vez que invitarnos a practicar la “empatía en acción” con nosotros mismos.

  • Practica, practica, practica. Implementar un hábito o un nuevo patrón de comportamiento requiere práctica y constancia.

Es fácil tener buenos pensamientos hacia algunas personas.

Pero:¿podemos generarlos hacia aquellos que nos irritan y mantenernos en ello? ;¿podemos generarlos y mantenerlos también hacia nosotros mismos?

Si no te cuidas eres un problema para el resto. ¿Qué mejor regalo que cuidarte para poder cuidar?

Cuando es así aumentamos el nivel de resiliencia , nuestras fortalezas de afrontamiento, y cambiamos del círculo vicioso de malestar y por un círculo virtuoso donde experimentamos de satisfacción y plenitud.

Lo bueno de todo esto: es que es contagioso.

 

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